jueves, 11 de agosto de 2011

Intermedio costumbrista.

   Ya me se estaba poniendo medio espeso el guiso con la Revolución Verde, y sus consecuencias, cosa con la que seguiremos, pero para amenizar, haremos una "nota de color".

   Los comerciantes ambulantes:
   Como dijimos, hasta mediados de la década del '50 la movilidad era bastante limitada. La importacion de vehículos livianos estaba restringida, no había producción local, y lo que se importaba tenía otras prioridades.
Camiones, ómnibus, renovación de las flotas de taxis de las grandes ciudades, tractores eran mas necesarios.
Por lo tanto, muchas necesidades de los chacareros eran cubiertas por comerciantes ambulantes, que generalmente se movilizaban el carros tirados por un par de caballos.
   Descendientes de los "turcos cajoneros" que lo hacían a pié, ya habían mejorado su "status" y con sus carros iban de chacra en chacra llevando su carga. El mas conocido de la zona era conocido como "El turco Pichón", que hacía su recorrido a intervalos de un mes o mes y medio. Llevaba en su "tenda" artículos de mercería, ropa de trabajo,telas, golosinas, frutas y todo lo imaginable. Al mismo tiempo de vender, compraban productos de las chacras; huevos, quesos, chorizos, pollos, gallinas. Tenían clientes fijos, haciendo siempre el mismo recorrido, "haciendo noche" en alguna chacra mas conocida. Al mismo tiempo hacían la distribución del chismerío, que si la hija de fulano se casaba pronto o no, (cosa que "Pichón" sabía porque le habían encargado la tela para el vestido), que si a Mengano y Sra. les venía otro hijo, que si a Don XX no le gustaba el novio de la hija, y demás noticias sociales a domicilio.
Entre esas conversaciones, se iban celebrando las transacciones comerciales.

    Otros comerciantes ambulantes, pero con domicilio fijo eran los barraqueros (compradores de "frutos del país), que recorrían, ya mecanizados, con alguna camioneta, o camioncito las chacras comprando cueros, lanas, algunos kilos de cerda (crin de caballo) triperos de los animales de consumo. Había una época del año en que ésta actividad era febril, que era la "parición", o sea la epoca en que nacían los corderos de las majadas de raza Lincoln.
   El cuero de cordero era entonces una mercadería muy valiosa, y su valor dependía por razones que desconozco de que cuanto menos hubiera vivido mas valía. Y la rapidéz de su comercialización era parte del asunto. Asique los compradores andaban todo el dia de chacra en chacra levantando los "muertos". Esta temporada duraba unos veinte días. Según la modalidad de cada chacarero, algunos vendían "al dia" y otros cuereaban, secaban al aire, y al final de la temporada hacían una especie de "remate" o mas bien concurso de precios, por lo que el comprador venía un dia determinado, revisaba el lote, y hacía una oferta "bajo sobre".
Así al dia siguiente venía otro. Esta operación se repetía con tres o cuatro compradores, no mas, que cotizaban "por categoría" (1ª,2ª,3ª) y "al barrer" o sea por todo el lote. Luego se abrian los sobres en un dia establecido, y el que quería estar presente venía. Era un acto sencillo, pero determinaba un buena entrada de dinero para el chacarero.
    La lana se guardaba en el galpón, y si la cosa venía bien, se mantenía como una reserva vendible en cualquier momento del año. Chacareros que "andaban bien" solían tener dos o tres esquilas acopiadas. Después con el avance de la petroquímica y los hilados sintéticos, dejó de ser negocio la lana Lincoln, cuya utilidad industrial era la fabricación de alfombras, y las majadas, fueron desapareciendo, junto a la extensión de la agricultura, ya empujada por la "Revolución Verde".

   Otra sub-especie de estos comerciantes trashumantes eran los talabarteros, loneros y mecánicos. Los talabarteros venían en primavera, y reparaban pecheras, anteojeras y demas aperos propios de las caballadas de la tracción a sangre. Siendo chico, conocí al último de ellos, un calabrés tremendamente cocoliche en su hablar, Las hileradoras y cosechadoras no tenían sinfín en sus plataformas de corte, sino lonas, (que ahora veo que han reaparecido en las cosechadoras de última generación, refirmando aquello que no hay nada nuevo bajo el sol) y para arreglar las lonas venía el lonero que en dos o tres dias de trabajo las acondicionaba para la campaña. Las cosechadoras eran de arrastre con ruedas de hierro, por lo que era complicado sacarlas del campo para hacer reparaciones mayores, por lo que cada tanto, se llamaba al mecánico (o "entendido") que en un par de semanas la volvía a poner en orden.
 
 

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